La figura sagrada limitó el reconocimiento del otro

En el Egipto antiguo la evolución de la comunicación fue directamente proporcional a la evolución de la cultura. Dichas herramientas comunicacionales se rigieron en despegar la generalidad y anhelo del universo al individualismo.
Ramsés II
En el Antiguo Imperio la monarquía era vista como un institución divina. El faraón era percibido como un Dios, en donde todas las opiniones y dictámenes que se manifestaran de su parte eran acatados. La dirección política estaba ligada completamente a la religión, sin embargo, Egipto pasa por un proceso de secularización y se desprenden estas variantes.

La sociedad tiene la necesidad de creer en algo por sí mismo. Comienzan a tomar conciencia y a crear criterio fuera de la idea de los Dioses. Es así como cae el Antiguo Imperio, dejando como herencia el debilitamiento de la autoridad central.

Para el I Periodo Intermedio, el faraón es visto como un líder político y no como una figura sagrada. La comunicación está inmersa en clasificar mensajes que manipulen a la gente para conservar el poder dentro de la comunidad. Posteriormente, en el II Periodo Intermedio, el líder político deja de tener credibilidad, basándose así en un mensaje de odio; las personas opinan según sus propias experiencias y dictan sus acciones como individuos.

En el Nuevo Imperio se fortalece el ejército y el faraón abandona la importancia del pensamiento social para implantar de nuevo un figura religiosa, pero con un giro más adaptado a la realidad de ese momento. En el caso de Ramsés II, se implantaron estrategias de propaganda personalistas, mediante mensajes de manipulación que invitaban a adular a esta figura y adiestrar la mente de la población a su ideología.

Es evidente que el cambio comunicacional fue dado por la gente y no por sus líderes. A pesar de los mensajes de manipulación y apego al poder por parte de los faraones, el despertar de conciencia en la gente forjó una sociedad con mayor juicio que a largo plazo fue capaz de enfrentarse a doctrinas autoritarias y religiosas que medirían su nivel de atención.